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Recolección responsable de setas: cómo disfrutar del monte sin dejar huella.

Foto del escritor: Milvus natura
Milvus natura
hace 1 hora
8 min de lectura

El otoño transforma nuestros bosques y montes. Las lluvias, la humedad y las temperaturas más suaves favorecen la aparición de muchas setas, y para quienes disfrutan de la naturaleza comienza una de las épocas más esperadas del año.


Salir al campo en busca de setas es una oportunidad para caminar, observar los cambios del paisaje y descubrir un mundo fascinante que, a menudo, pasa desapercibido. Sin embargo, esta actividad también conlleva una responsabilidad: disfrutar de los recursos naturales sin comprometer la conservación de los ecosistemas.


Recolectar setas de forma responsable significa respetar la normativa, conocer lo que recogemos y minimizar nuestro impacto sobre el entorno. No se trata únicamente de llenar la cesta, sino de comprender qué papel desempeñan los hongos en la naturaleza y cómo podemos disfrutar de ellos sin perjudicar el lugar que nos los ofrece.


En este artículo repasamos las principales normas y buenas prácticas para salir a buscar setas de forma segura, respetuosa y sostenible.


  1. Antes de salir: infórmate de las normas del lugar

Aunque la recolección de setas es una actividad tradicional en muchas zonas de España, no se puede practicar de la misma manera en todos los montes. La normativa depende de la comunidad autónoma, el municipio, la titularidad del terreno y, en su caso, la regulación específica del espacio natural.


Antes de organizar una salida, conviene comprobar:

  • Si está permitida la recolección. Existen zonas donde está prohibida o sometida a restricciones especiales.

  • Si necesitas un permiso. En determinados montes, la recogida está regulada mediante autorizaciones, acotados micológicos o sistemas de aprovechamiento.

  • Qué especies se pueden recolectar. Algunas especies cuentan con protección y no deben recogerse.

  • Qué cantidad está permitida. Los límites pueden variar según el territorio y la modalidad de aprovechamiento.

  • Qué condiciones debes cumplir. Puede haber restricciones de horario, acceso, herramientas o métodos de recolección.


Por ejemplo, en Aragón, el Decreto 179/2014 regula la recolección y el aprovechamiento de setas silvestres en terrenos forestales, incluyendo prácticas prohibidas y condiciones específicas para su recogida. La normativa de los espacios protegidos puede establecer medidas adicionales.


Por eso, antes de salir, consulta las fuentes oficiales del lugar que vas a visitar. No des por hecho que las normas de un monte son aplicables a otro.


Cesta con setas
Imagen: Jessie Maxwell (Unsplash)
  1. El suelo del bosque también está vivo

Cuando pensamos en las setas, solemos fijarnos en la parte visible: el sombrero y el pie. Sin embargo, esa estructura es solo una parte del hongo.


Bajo la superficie, muchos hongos desarrollan una red de filamentos microscópicos denominada micelio, que se extiende por el suelo o por otros sustratos. Algunos descomponen hojas, ramas y madera muerta, contribuyendo al reciclaje de nutrientes; otros establecen relaciones con las raíces de las plantas, ayudándolas a captar agua y nutrientes.


Los hongos desempeñan, por tanto, funciones ecológicas esenciales. Cuidar el lugar donde crecen es también cuidar el funcionamiento del ecosistema.


¿Qué podemos hacer para protegerlos?

No remuevas la tierra ni la hojarasca para buscar setas. Utilizar rastrillos, azadas u otras herramientas para levantar la cubierta vegetal puede dañar el micelio, alterar el suelo y afectar a otros organismos.


Camina con cuidado, evita pisotear innecesariamente las zonas donde se concentran las setas y no levantes piedras, troncos o capas de hojarasca por simple curiosidad.


La recomendación es sencilla: observa primero y evita alterar el entorno para encontrar más ejemplares. La recolección nunca debería justificar el deterioro del suelo.


Seta en el suelo de un bosque
Imagen: Antje Winkler (Unsplash)
  1. No todas las setas que encontramos debemos recogerlas

Una de las mejores formas de practicar una recolección responsable de setas es aprender a distinguir entre observar, identificar y recolectar.


Las setas que no conocemos, las especies no comestibles y los ejemplares que no vamos a aprovechar también forman parte del ecosistema. Algunas intervienen en la descomposición de la materia orgánica y otras mantienen relaciones importantes con las plantas y el suelo.


Por eso:

  • No pises, golpees ni destruyas las setas que no vayas a recoger.

  • Evita recolectar ejemplares demasiado jóvenes, ya que pueden no haber desarrollado todavía todas las características necesarias para identificarlos correctamente.

  • Deja en su lugar los ejemplares muy deteriorados, rotos o parasitados.

  • No recolectes especies protegidas ni ejemplares cuya recogida esté prohibida.

  • Recoge únicamente la cantidad que vayas a aprovechar, respetando siempre los límites establecidos.


También es importante recordar que no hace falta llevarse una seta para disfrutar de ella. Fotografiarla, observar sus características y aprender a reconocerla son excelentes maneras de acercarse a la micología sin extraer ejemplares del medio natural.


Mano de un niño tocando una seta en el bosque
Imagen: Artur Aldyrkhanov (Unsplash)

  1. ¿Cómo debemos recolectar setas?

Cuando la recolección esté permitida, debemos procurar que la extracción sea cuidadosa y no provoque daños innecesarios.


No existe una única técnica adecuada para todas las especies y todos los territorios. Lo fundamental es respetar la normativa aplicable, evitar alterar el suelo y conservar las características del ejemplar que permitan identificarlo correctamente.


En algunos lugares se exige utilizar herramientas de corte concretas y se prohíbe arrancar o destruir las setas. Por ello, conviene comprobar las indicaciones específicas antes de recolectar.


La importancia de utilizar una cesta

Para transportar las setas, se recomienda utilizar una cesta u otro recipiente que permita su aireación y que sea adecuado para la actividad y la normativa local.


La cesta tradicional de mimbre presenta varias ventajas: permite mantener los ejemplares ventilados, facilita su transporte y puede favorecer la dispersión de esporas durante el recorrido.


En cambio, las bolsas de plástico cerradas no son una buena opción para transportar setas frescas, ya que retienen humedad y dificultan la ventilación.


Eso sí, llevar una cesta no garantiza por sí solo una recolección sostenible: lo importante es cómo recolectamos, qué cantidad recogemos y cómo tratamos el entorno.


Cesta con setas recolectadas y un cuchillo
Imagen: Polina Gurina (Unsplash)
  1. Seguridad ante todo: identifica bien las setas

Disfrutar de la micología también significa saber cuándo no debemos recolectar o consumir una seta.


En nuestros montes crecen especies comestibles, especies sin interés culinario y especies tóxicas que pueden provocar intoxicaciones graves. Algunas se parecen mucho entre sí, por lo que identificarlas correctamente requiere conocimientos y experiencia.


Si estás empezando, ten en cuenta estas recomendaciones:

  • No recolectes para consumir una seta que no conozcas con seguridad.

  • No te fíes únicamente del color, el olor, el aspecto o las creencias populares.

  • No utilices una aplicación móvil o una fotografía como única confirmación de su identidad.

  • Pide ayuda a personas expertas en micología o a asociaciones especializadas cuando tengas dudas.

  • No mezcles ejemplares dudosos con los que ya has identificado correctamente.


Y una precaución importante: si después de consumir setas aparecen síntomas que podrían indicar una intoxicación, solicita atención médica urgente. No esperes a que empeoren.


Seta en el bosque junto a botas de un montañista
Imagen: Annie Spratt (Unsplash)
  1. Deja el monte como te gustaría encontrarlo

La huella que dejamos durante una salida no depende únicamente de las setas que recolectamos. También influyen nuestros desplazamientos, el ruido, los residuos y la forma en que nos movemos por el entorno.


Para reducir ese impacto, podemos adoptar pequeños hábitos que, sumados, marcan una diferencia.

  • Camina por los senderos y respeta las zonas señalizadas. Evita abrir caminos nuevos, pisotear la vegetación o atravesar áreas sensibles cuando no sea necesario. En espacios protegidos, sigue las indicaciones específicas de uso público.

  • No dejes residuos. Llévate todos los envoltorios, pañuelos, botellas y restos que hayas generado. Aunque un residuo parezca biodegradable, no debe abandonarse en el monte.

  • Respeta la fauna. Evita gritar, reproducir música a volumen elevado o acercarte demasiado a los animales. No destruyas nidos, refugios ni madrigueras.

  • No recolectes otros elementos naturales por costumbre. Las flores, el musgo, las piedras, las ramas y la madera muerta también pueden desempeñar funciones importantes en el ecosistema. Déjalos donde están, salvo que exista una razón justificada y esté permitido retirarlos.

  • Respeta las propiedades y los usos del monte. No atravieses terrenos cerrados, no dañes vallados ni señales y ten en cuenta actividades como la caza o los trabajos forestales.

  • Reduce el impacto del desplazamiento. Siempre que sea posible, comparte vehículo, utiliza los aparcamientos habilitados y evita circular o estacionar fuera de los lugares autorizados.


Y, por supuesto, no enciendas fuego ni fumes en zonas donde puedas provocar un incendio.


Bosque con setas
Imagen: Pascal Debrunner (Unsplash)
  1. Recoge solo lo que realmente necesitas

En ocasiones, el éxito de una jornada se mide por el tamaño de la cesta. Sin embargo, desde una perspectiva de educación ambiental, merece la pena cambiar esa idea.


Una salida puede ser satisfactoria aunque encontremos pocas setas. Podemos descubrir una especie nueva, observar cómo cambia el bosque, reconocer rastros de fauna o comprender mejor las relaciones entre los hongos y las plantas.


Recolectar solo lo que vamos a aprovechar ayuda a evitar extracciones innecesarias y reduce el riesgo de acabar desechando ejemplares que podrían haberse quedado en el monte.


Además, no existe una cantidad universal que garantice por sí sola la sostenibilidad de la recolección. La presión sobre una población de hongos depende de la especie, de su abundancia, de las condiciones ambientales y de la intensidad con la que se recolecta, además de los límites legales aplicables.


El objetivo no debería ser llenar la cesta, sino disfrutar de la actividad sin perjudicar el ecosistema del que depende.


Cesta con recolección de setas
Imagen: Sandra Seitamaa (Unsplash)
  1. Una forma diferente de disfrutar de las setas: observar y aprender

No es necesario recolectar para disfrutar de la micología. De hecho, observar las setas con calma puede convertirse en una actividad de educación ambiental muy enriquecedora para personas de todas las edades.


Durante un paseo por el monte, podemos fijarnos en preguntas como estas:

  • ¿En qué lugares aparecen más setas: bajo los árboles, entre la hojarasca o sobre la madera?

  • ¿Qué diferencias observamos entre los sombreros, los pies y la parte inferior de las setas?

  • ¿Qué organismos encontramos cerca de ellas?

  • ¿Qué papel pueden desempeñar los hongos en la descomposición de hojas y ramas?

  • ¿Por qué algunas especies aparecen en unos lugares y no en otros?


Estas observaciones nos ayudan a comprender que el monte es mucho más que un espacio para obtener recursos: es una red de relaciones entre seres vivos y elementos del medio físico.


Desde las actividades de educación ambiental, podemos aprovechar la temporada para fomentar la curiosidad, aprender a reconocer especies sin necesidad de recolectarlas y transmitir actitudes de respeto hacia la biodiversidad.


Una lupa, una cámara y un cuaderno de campo pueden convertirse en grandes aliados para descubrir el mundo de los hongos sin necesidad de llevarnos nada a casa.


Gente identificando setas con el móvil
Imagen: Nico Baum (Unsplash)

Conclusión: disfrutar de las setas también es cuidar la naturaleza

La temporada de setas nos invita a salir al monte, observar los cambios del otoño y descubrir una parte fascinante de nuestros ecosistemas. Pero disfrutar de esta actividad implica conocer sus límites y asumir nuestra responsabilidad como visitantes de la naturaleza.


Informarnos de la normativa, identificar correctamente las especies, evitar remover el suelo, recolectar solo lo necesario y no dejar residuos son acciones sencillas que contribuyen a reducir nuestro impacto.


No podemos garantizar que una salida no tenga ningún efecto sobre el entorno, pero sí podemos tomar decisiones conscientes para minimizarlo.


Desde Milvus Natura os animamos a disfrutar de esta temporada con curiosidad, prudencia y respeto. Porque cada salida es una oportunidad para aprender algo nuevo y comprender mejor el mundo que nos rodea.


La mejor jornada de setas no es necesariamente la que termina con la cesta más llena, sino aquella en la que volvemos a casa con nuevos conocimientos y dejamos el monte en las mejores condiciones posibles.


Nota para los lectores: este artículo ofrece recomendaciones generales para una recolección responsable. Las obligaciones legales, los permisos, los límites de recogida y las especies autorizadas dependen del territorio y de la regulación específica de cada monte. Consulta siempre las fuentes oficiales antes de recolectar.


Infografía recolección responsable de setas

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